15/02/2018

"La sexualidad en los enfermos renales crónicos"

Por Lola Montalvo

Tener una buena salud sexual favorece el desarrollo integral de una persona, y en este artículo, nuestra colaboradora aborda cómo viven la sexualidad los enfermos renales crónicos.

La sexualidad es una propiedad biológica inherente a muchos seres vivos, pero en el ser humano adquiere unas características muy particulares porque, además de servir para reproducirnos, también nos sirve para relacionarnos, para obtener placer y para recibir y dar amor. La sexualidad es algo más que una dimensión de la persona; forma parte de lo esencial del ser humano: es algo que somos. De ahí que favorecer el desarrollo sano y placentero de la sexualidad sea favorecer el desarrollo integral de una persona. Agrupa tanto la esfera puramente biológica de la persona como la psicológica y la social. Ya Abraham Maslow, en 1943, en su famosa pirámide que diseñó para apoyar su teoría de la Jerarquía de las Necesidades Humanas, estableció que la sexualidad conformaba una de las fundamentales necesidades fisiológicas del ser humano, junto a comer, beber, respirar, eliminar desechos y descansar .

Ante una enfermedad, varias o todas de estas necesidades básicas de la persona se van a ver alteradas. Si la enfermedad deriva hacia la cronicidad, las diversas necesidades básicas pueden verse, en parte, restituidas si la persona va acomodándose a su nueva situación; pero de todas las necesidades fisiológicas, una de las que más a menudo se aparcan es la sexualidad y llega a ocupar un puesto secundario en la vida del enfermo.

Las enfermedades crónicas , como la ERC, con frecuencia están asociadas con disfunciones sexuales, en las que la capacidad para tener deseo o mantenerlo está afectado de forma destacada, tanto en el hombre como en la mujer. Toda alteración de la sexualidad se puede enfocar desde diversos aspectos: físicos-orgánicos y psicológicos

•Entre los factores psicológicos podemos encontrar problemas de autoestima, de ansiedad y, sobre todo, de depresión asociada a la propia enfermedad. Otros factores importantes: cansancio, la fatiga, la falta de fuerza física…

•Entre los factores físicos se incluyen los derivados de la propia enfermedad: malestar general, edemas, calambres, vómitos, anemia, neuropatías derivadas... Y también debemos sumar los efectos —secundarios y adversos— derivados de las terapias farmacológicas empleadas en el tratamiento de su enfermedad crónica como corticoides, algunos fármacos cardiovasculares, fármacos anti rechazo, catéter abdominal —en caso de diálisis peritoneal—... No debemos olvidar que, a menudo, los enfermos con ERC suelen sufrir otras patologías asociadas como diabetes o cardiopatías, ambas causas a su vez de alteraciones en la apetencia sexual de quienes la padecen, dado que las disfunciones sexuales en la mayoría de los casos suelen tener un origen vascular y circulatorio.

Los factores orgánicos no afectan de la misma manera a hombres y mujeres ni ejercen los mismos efectos sobre la respuesta sexual; también hay que tener muy presentes las diferencias individuales, ya que un mismo proceso físico-orgánico puede ejercer efectos completamente distintos sobre diferentes personas en función de su personalidad, historia sexual, sexualidad previa... En general, las enfermedades crónicas tienden a alterar las fases de deseo y excitación sexual, lo que se conoce como libido.

La afectación sexual en mujeres y hombres es distinta; veamos de forma concreta cuales suelen ser :

Mujeres:
- Desinterés en las relaciones sexuales.
- Sequedad vaginal y problemas para lograr la excitación sexual.
- Ansiedad e incapacidad de lograr el orgasmo.
- Posible ausencia de la menstruación e infertilidad por ausencia de ovulación.
- Dificultad para quedarse embarazada.
- Aumento de peso.
- Depresión y baja autoestima debido a cambios en su apariencia física y la presencia del catéter (DP) o fístula (HD).

Hombres:
- Disminución en el deseo sexual.
- Dificultad para lograr o mantener una erección (disfunción eréctil).
- Dificultad para lograr la eyaculación.
- Ansiedad y miedo al rechazo.
- Depresión.

Se puede considerar que este es un problema bastante frecuente en personas con ERC de tal forma que gran parte de ellas presentan algún tipo de disfunción sexual, pero pocas de ellas expresan abiertamente esta situación en las consultas del nefrólogo y/o enfermero; por otro lado, los profesionales de la salud pocas veces les suelen preguntar sobre esta cuestión o lo hacen de una forma marginal, sin dedicarle una atención expresa. Además, el hecho de que el sexo pertenezca a una esfera tan íntima y personal, al afectar a diversos tipos de personas, edad y culturas, muchas de ellas con dificultad para expresar abiertamente estas cuestiones, hace que con frecuencia se produzca una disfunción sexual, pero nadie lo afronte ni le dé solución. Muchos enfermos consideran que esta faceta de su vida personal deben darla por definitivamente cerrada a edades que, en condiciones normales, no debería serlo. Y no olvidemos que el sexo es una de las necesidades fisiológicas más básicas, junto con la alimentación, el sueño o la eliminación, entre otros... y en todas las etapas de la vida adulta.

Es evidente que este es un tema que no se plantea con frecuencia. Existen pocos artículos científicos que traten este aspecto en las personas con ERC y los que hay son antiguos. Muchos estudios son locales y existen dudas de que sus resultados puedan ser extrapolables a todos o la mayoría de los enfermos con ERC. Lo que parece que todos tienen claro y en lo que coinciden es que las patologías renales que producen Insuficiencia Renal Crónica a su vez desencadenan disfunciones sexuales en los enfermos con ERC, tanto en hombres como en mujeres, fundamentalmente por estos factores orgánicos y psicológicos:

- Alteraciones circulatorias derivadas de la propia ERC
- Anemia
- Patologías asociadas, fundamentalmente diabetes y patologías cardiocirculatorias.
- Alteraciones a nivel psicológico: ansiedad, depresión, angustia, alteración de la propia imagen, inseguridad…

Existen estudios que ponen de manifiesto la mejoría de la función sexual en aquellas personas que reciben un trasplante renal.

A modo de resumen, se puede afirmar que es necesario afrontar este problema para poder plantear una solución; abordar el tema en consulta tanto por parte de médicos como de enfermeros puede allanar el camino a los enfermos con ERC, ayudarles a poner en palabras los temores que les embargan con respecto a los problemas o alteraciones que observan en su función sexual. Cada situación tendrá su solución individualizada..., quizá sea necesario remitir al enfermo a otro especialista. Lo que estas personas deben entender es que este problema tiene posibilidad de solucionarse, de intentarlo al menos. Los profesionales de la salud tenemos la responsabilidad de indagar sobre estos aspectos de la vida cotidiana de los enfermos con ERC que atendemos para facilitar una solución ante los primeros indicios de alteración. Sentar las bases de una comunicación en confianza que asegure que el enfermo plantee sus problemas sin sentirse avergonzado o cuestionado es fundamental en todas las esferas de la persona, pero en el ámbito de la sexualidad es primordial.

(CONTINÚA LEYENDO EN EL PDF ADJUNTO)

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