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14/05/2018

"Día Internacional contra el Acoso Escolar"

por Lola Montalvo

Nuestra colaboradora analiza un problema que se escapa de las aulas y su repercusión promueve que se celebre esta jornada a nivel mundial para concienciar sobre la situación.

Hoy, 2 de mayo, es el Día Internacional contra el Acoso Escolar. El acoso escolar o bullying ha alcanzado tal magnitud como problema de violencia en el ámbito escolar que se ha considerado necesario darle visibilidad a nivel mundial con la celebración de esta jornada. Este es uno de los problemas sociales que más preocupación ha suscitado en los últimos años.

El acoso escolar es violencia en cualquiera de sus manifestaciones: física, psicológica o ambas, y afecta directamente y de forma demoledora a los derechos esenciales de los niños. Es fácil suponer que existen grupos de niños y niñas más vulnerables, como estudiantes LGTB, inmigrantes, minorías étnicas y personas que sufran cualquier enfermedad y/o discapacidad, entre otros. Pero en definitiva, cualquier niña o niño puede ser víctima de acoso escolar por parte de sus compañeros, dentro y fuera del espacio educativo.

Según datos de «Fundación ANAR» y «Fundación Mutua Madrileña», el 32% de los alumnos, es decir, uno de cada tres, indica que en su clase se acosa a alguien… Eso sí, según parece estos datos son menos malos que los del año 2016, porque en el año anterior el 50% de los estudiantes manifestaban situaciones de acoso en su clase. —datos tomados de «El País», Uno de cada tres niños afirma que en su clase hay acoso escolar
https://politica.elpais.com/politica/2018/04/30/actualidad/1525119884_318076.html—

Las causas de este problema están presentes en nuestra sociedad. Los niños y niñas se comportan reflejando en sus actitudes la sociedad en la que viven. Normalizar la violencia, hacer del escarnio al «otro» algo divertido, rechazar a quien es distinto, rechazar a inmigrantes y refugiados, minusvalorar a quien sufre discapacidad y/o enfermedad, criticar a las personas por su aspecto o su raza o su etnia… se puede traducir en el comportamiento que nuestros hijos tienen en los centros educativos. Todos debemos asumir nuestra parte de responsabilidad en este problema: las familias, las escuelas e institutos, los medios de comunicación… la sociedad, en definitiva.
No olvidemos que parte de este acoso no es cara a cara; a veces se perpetra desde las redes sociales o apoyándose en ellas. Grabar vídeos de agresiones y que se hagan virales les da a sus autores un protagonismo que muchos menores pueden desear emular. El alcance de este tipo de violencia es, entonces, imprevisible.

Todas las personas, seamos como seamos, todas, somos diferentes y únicas; todos tenemos algo que aportar a la sociedad en la que vivimos, cada uno en el ámbito de nuestras capacidades, gustos e intereses. El respeto es uno de los máximos valores que podemos educar y se traduce en igualdad, solidaridad, empatía… Se enseña, se da ejemplo y se educa. Por eso, combatir algo tan horrible como el acoso escolar es labor de todos y cada uno de nosotros.

Es nuestra obligación como educadores estar pendientes de las actitudes de nuestros hijos, no solo para poder determinar cuándo sufren o pueden sufrir acoso. Vigilemos también todo lo que nos pueda indicar cuando es nuestro hijo o hija el que se comporta como acosador. Familias, comunidad educativa, profesionales de la salud, toda la sociedad en definitiva, tenemos mucho que hacer para poner fin a esta situación.

Acabar con el acoso escolar es labor de todos.