28/03/2018

"ACEITE DE PALMA... nuevo «enemigo» en nuestra dieta"

por Lola Montalvo

Nuestra colaboradora analiza qué es el aceite de palma, dónde se encuentra, para qué se usa y los riesgos que tiene para la salud.

Continuando con la línea de artículos dedicados al cuidado de nuestra alimentación, hoy el tema es el aceite de palma. Las personas con enfermedad renal crónica deberán prestar mucha atención a los alimentos que eligen para sus comidas, aunque este artículo va dirigido tanto a personas sanas como enfermas.

Un nuevo «enemigo» se esconde entre los ingredientes de nuestra dieta: el aceite de palma. En este artículo voy a intentar explicar qué es este aceite, donde se encuentra para qué se usa y qué riesgos puede suponer para nuestra salud.

¿Qué es el aceite de palma?
El aceite de palma es, como su nombre indica, una grasa de origen vegetal, procedente de los frutos de la palma africana o Elaeis guineensis, frutos que se ven en la foto superior.
Este aceite está desbancando a otras grasas (sobre todo desde la polémica que se generó por el uso de grasas hidrogenadas o TRANS) tanto en la industria alimenticia como la industria cosmética. Este uso está generando gran controversia dado que su composición no le da unas cualidades nutricionales muy saludables. Y hoy día se utiliza en la elaboración de gran cantidad de alimentos y de productos de uso cotidiano.

¿Por qué el aceite de palma no es una grasa saludable?
El aceite de palma tiene una composición en un 48% de ácidos grasos saturados . En su estado natural, además, contiene ciertas vitaminas de tipo liposoluble que pierde al sufrir un proceso industrial de refinado. Su consumo habitual, como el de todas las grasas saturadas, supone un riesgo para la salud al existir evidencias de que aumenta el colesterol-LDL (colesterol malo) lo que entraña un riesgo patente de enfermedad coronaria y cardiovascular. Otros estudios asocian un consumo habitual de este tipo de grasa con la aparición también de patologías crónicas como Diabetes tipo 2, obesidad y cáncer.

¿Dónde encontramos este tipo de grasa, en qué alimentos?
El problema de este aceite es que aparece «escondido» en una variada y numerosa cantidad de alimentos, sobre todo en los procesados: patatas tipo chips y demás aperitivos, margarinas, patés, conservas, pescados y carnes, bebidas, cremas y coberturas, sopas y purés, alimentos infantiles, cremas de cacao...; también lo encontramos en cosméticos y productos de limpieza.

En la industria se decide utilizar este tipo de grasas por dos razones:
1. Como excipiente/espesante, dado que proporciona una textura agradable al producto al que se le añade y proporciona un sabor atrayente.
2. Porque es más barato que otras grasas, lo que abarata los costes.

¿Cómo podemos identificar el aceite de palma en una etiqueta de composición de un alimento?
Ante todo, me gustaría animar a todos los consumidores a que lean las etiquetas de composición de los alimentos que compramos. Sé que puede resultar algo farragoso —escribí en este mismo medio un artículo que pretende explicar y hacer comprensible la información nutricional recogida en las etiquetas de los alimentos y cuyo título era: «El etiquetado en los alimentos»—, pero tal como os lo explico, podréis identificar fácilmente qué nombre de ingrediente esconde de forma patente o solapada cierta cantidad de aceite de palma en un producto.

Las etiquetas informativas de composición e información nutricional de un alimento, recogen la información de dos formas:
• Ingredientes: bajo este epígrafe, el fabricante nos va a indicar qué ingredientes ha añadido al producto. Lo ideal es que lo haga en forma de %, es decir, de cada 100 partes de producto terminado, qué proporción de cada ingrediente ha usado. Irán en orden decreciente, es decir, los que se han usado en mayor cantidad irán los primeros. En este caso, identificaremos el aceite de palma cuando encontremos ingredientes como los siguientes: aceite de palma, palmiste, palmitato, Elaeis guineensis, aceites vegetales —bajo esta denominación tan general se esconde el aceite de palma; los fabricantes que añaden aceite de oliva o de girasol suelen indicarlo como reclamo, dado que son grasas consideradas más saludables—. A veces también los podemos encontrar bajo las denominaciones de los ácidos grasos saturados que conforman su cadena como el láurico, palmítico y mirístico. Cuando encontremos en la etiqueta alguno de estos ingredientes, el producto contiene aceite de palma.
• Información nutricional: en este apartado aparecerán los nutrientes del producto, referidos o bien por raciones —algo variable según cada alimento— o bien por cada 100 g. de producto, siendo esta última la versión más recomendable para poder comparar unos alimentos con otros en su composición. Así, encontraremos Hidratos de Carbono, Proteínas... y Grasas, que es el principio inmediato que nos ocupa con respecto al aceite de palma. En este caso haremos hincapié en la cantidad de «grasas saturadas» y el porcentaje que supone con respecto a la cantidad total de grasas del alimento. Según la Fundación de Hipercolesterolemia Familiar para una dieta de unas 2000 Kcal, jamás deberíamos exceder los 20 g al día de grasas saturadas

Si las etiquetas de los alimentos procesados «esconden» bajo epígrafes ininteligibles, demasiados genéricos o dudosos que se está usando aceite de palma en la elaboración de ese alimento, podemos deducir que el fabricante no desea que lo identifiquemos con facilidad porque quizá elegiríamos otro producto que no contenga aceite de palma, conocedores de que no es una grasa saludable para nuestra alimentación. Desechemos, pues, toda etiqueta dudosa que no indique de forma patente y clara el tipo de ingredientes que usa. Ante la duda, elegid otro producto.

Como todo en esta vida, la medida lo es todo; es decir: comer de vez en cuando alimentos que contengan aceite de palma no supondrá ningún riesgo para nuestra salud si a diario llevamos una dieta saludable que se basa en alimentos no procesados, rica en vegetales, hortalizas, frutas —teniendo presente en las personas que sufren ERC-IRC las limitaciones y pre-elaborado de este tipo de alimentos— y grasas saludables y hacemos ejercicio físico de forma habitual. Pero si nuestra alimentación diaria se basa o frecuenta este tipo de productos el riesgo para nuestra salud será patente. Insisto: todo radica en la medida.

Por último, me gustaría destacar que el abuso en la recolección de los frutos de esta palmera para la elaboración de aceite de palma está ocasionando grandes problemas ecológicos, tal como nos cuentan en Aceitedepalma.org (texto en cursiva tomado literal de su página de inicio):
«Su cultivo está provocando la desaparición de las selvas de Borneo y Sumatra, a las que pronto se sumarán las de África Central. Miles de orangutanes y otras especies en peligro de extinción mueren al desaparecer su hogar. Contribuye al cambio climático. Las poblaciones locales pierden su modo de vida tradicional con la excusa de un imaginario progreso que trae consigo malnutrición, epidemias, hambrunas y violaciones de los derechos humanos.»

Supongo que este problema medioambiental y ecológico puede ser un motivo más para que el aceite de palma desaparezca de nuestros alimentos procesados... Por lo menos, para mí sí lo es.

Resumiendo:
• El aceite de palma es una grasa de origen vegetal y en un 48% es una grasa saturada
• Aparece en una gran mayoría de los productos para la alimentación de lo que llamamos alimentos procesados
• En muchos casos se esconde su uso bajo el epígrafe «grasas vegetales» El apellido «vegetal» nos lleva en a creer de forma errónea que es una grasa saludable cuando no es así.
• En muchos casos no se indica cantidad real de aceite de palma utilizada en el producto y, por lo tanto, no sabemos cuánta grasa saturada de este tipo estamos consumiendo.
• Debemos dar preferencia a los etiquetados que nos informen del uso de aceites de oliva, girasol o similares, que son grasas de destacado valor nutricional.

(CONTINÚA LEYENDO EN EL PDF ADJUNTO)

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